Juramento de Nuevos Abogados
Cuarenta y dos Licenciados en Ciencias Jurídicas, egresados de universidades de distintas regiones del país, juraron como abogados en ceremonia solemne efectuada en el Palacio de Tribunales.
El acto fue encabezado por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Urbano Marín Vallejo, efectuándose el juramento ante el pleno de ministros del máximo tribunal.
Esta fue la vigésima quinta ceremonia del presente año, ascendiendo a 1.024 los profesionales titulados a la fecha.
A continuación, transcribimos las palabras del presidente Urbano Marín Vallejo, pronunciadas en la ceremonia de juramento.
Colegas Ministros de la Corte Suprema:
Jóvenes Abogados:
Señoras y Señores:
Como sabemos, existe una amplia gama de posibilidades para el desempeño de la abogacía que Uds. hoy comienzan. Pero, cualquiera sea la actividad profesional que Uds. elijan, deberán observar y respetar un conjunto de principios y normas éticas que rigen la conducta del letrado y que, antes que nada, lo obligan frente a sí mismo, lo que es uno de los elementos que nos distinguen de otras ocupaciones u oficios.
Muchos autores están contestes en la alta función de la abogacía y en las elevadas calidades culturales y, principalmente, morales que deben poseer los abogados. El jurista Italiano Ciuratti, en su obra “Arte Forense“, describe las condiciones requeridas por quienes dedican su vida al que llama el “noble y áspero ejercicio de pedir justicia”: Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado durante treinta años de vida, que sea en conjunto un literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la inefable memoria de un niño y, tal vez, con todo esto forméis un abogado completo“.
En este mismo sentido, Angel Osorio y Gallardo, ex Decano del Colegio de Abogados de Madrid, enseñaba que “en los abogados la rectitud de conciencia es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos“, pues “primero es ser bueno; luego ser firme; después ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar; la pericia en el último“.
Por el contrario, no faltan quienes han fustigado a los abogados, entre ellos, grandes literatos como Quevedo, Racine, Rabelais, Shakespeare y Anatole France. Ellos han visto el talento de los letrados más encaminado a enredar los problemas, a confundir a los juzgadores y a enriquecerse indebidamente en desmedro de sus clientes. Quevedo, por ejemplo, decía de los abogados de su tiempo: “Advierte que, antes de que se contesten las demandas, son los pleitos sobre si mi dinero es mío o del otro, y empezándose, son sobre que no sea del otro ni mío, sino de los abogados“. Tampoco puede olvidarse la colosal frase de Shakespeare, de su obra Enrique IV: “Como primera medida, matemos a todos los abogados […]”, expresión que seguramente se pronunció no porque los abogados olvidaran sus derechos, sino más bien por cuanto dejaran de lado sus deberes.
Lo cierto es que la profesión de abogado puede ser fácilmente impugnada -y de hecho lo ha sido muchas veces- por quienes sólo ven en ella una fuente de lucro, en cuyo ejercicio se reniega de las más elementales normas de decoro y ética. Con razón, se ha dicho que un mal abogado que ande suelto por el mundo le hace mucho mal a la abogacía. Y esto se debe a que, por la tendencia humana a crear estereotipos se atribuirá, en lo sucesivo, indiscriminadamente a “los abogados” aquello que debe cargarse sólo a la cuenta de un determinado letrado, con olvido de que “los abogados” son de muy diversas clases.
En torno al mismo punto, el profesor argentino Ricardo Rabinovich destaca que “un mundo sin médicos y sin abogados es, para muchos, la idea de un mundo feliz”. Y que es “curiosa la hermanación de dos profesiones tan disímiles, a la vez tan buscadas y odiadas, para quienes no las adoptaron como propias”.
En fin, el camino a recorrer por Uds., nuevos abogados, en el ejercicio de su profesión al igual que el de la vida misma, será muchas veces duro, áspero, colmado de dificultades, pero, como contrapartida, les proporcionará innumerables satisfacciones. Y por ello recuerden siempre este antiguo y sabio proverbio oriental: “si te caes siete veces, levántate ocho”.
Mis sinceros deseos para Uds. son que puedan transitar siempre por caminos de rectitud y que, con una conducta intachable, dignifiquen de manera permanente la profesión de abogado.
Finalmente, de nuevo felicitaciones por vuestra titulación, las que extendemos a padres y familiares que los acompañan y que de modo invaluable han contribuido con su apoyo a este éxito inicial de todos Uds.
Muchas gracias.
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NÓMINA DE ABOGADOS
Álvarez Carmona, Héctor Leonardo Onofre
Anselmo Cartes, Milena Andrea
Araos Hernández, Valentina
Arroyo Pérez Priscila, Patricia José
Barrientos Barrientos, Josefa del Pilar
Basaure Sánchez, Rosendo Segundo
Beale Olavarría, Ilia Tatiana
Bello Muñoz, María Graciela
Bottner Giglio, Claudia Paola
Bottner Giglio, Mauricio Eduardo
Bravo Cobb, Jaime Rodrigo
Bustos Salazar, Andrea Alejandra
Cacho Abascal, Macarena Regina
Camargo Casanova, Marjorie Alejandra
Carrasco Rodríguez, Pamela Andrea
Cassi Martínez, Giggliola Vanessa
Catalán Peralta, Juan Francisco
Cataldo Severino, Ximena Paola
Cayún González, Claudia Andrea
Cepeda Acevedo, Lucy Cecilia
Duffau García, Fabián Eduardo
Eltit Mena, María Fernanda
Escobar Catalán, Ana María
Garrido Beltrán, Claudio Patricio
Garrido Leyton, Víctor Hugo
Goldenberg Peñafiel, Mónica Eugenia
Herrera Pavez, Paola Francisca
Isakson Rivas, Patricia María Inés
Landauro Henríquez, Hugo Mauricio
Martínez Lazcano, Marco Carlos
Mella Bustos, Hernán Felipe Arturo
Muñoz Mamani, Franklin Eduardo
Navarro Díaz, Marcia Andrea
Riveros Quiroz, Marcela Bernardita
Rojas Smith, Mildren Isabel
Santander Mestre, Arturo Enrique Hernán
Silva Berríos, Felipe Sebastián
Soto Pacheco, Francisco Javier
Torres Soto, Ricardo Felipe
Troncoso Leyton, Claudio Patricio
Varas Araya, Darwin Daniel
