Juramento de nuevos abogados
Cuarenta licenciados en Ciencias Jurídicas, egresados de universidades de distintas regiones del país, juraron como abogados en ceremonia solemne efectuada en el Palacio de Tribunales, el 16 de enero pasado.
El acto fue encabezado por el presidente subrogante de la Corte Suprema de Justicia, ministro Milton Juica Arancibia, efectuándose el juramento ante el pleno de ministros del máximo tribunal.
Esta fue la segunda ceremonia del presente año, ascendiendo a 80 los profesionales titulados a la fecha.
A continuación, transcribimos las palabras del Presidente subrogante Milton Juica, pronunciadas en la ceremonia de juramento.
Colegas Ministras y Ministros de la Corte Suprema
Señoras y Señores
Nuevos Abogados:
Esta época veraniega y de descanso por las vacaciones que todos aspiran gozar, ha sido propicia para que se produzca un cambio de estilo en la celebración de esta ceremonia, cuya solemnidad es difícil de olvidar. Aparte de la significación personal que para ustedes, nuevos abogados y familiares que los acompañan, les representa este acto solemne en el inicio de esta nueva etapa en sus vidas; sin embargo, el aumento de universidades en nuestro país y, por consecuencia, de las Escuelas de Derecho, ha provocado también un crecimiento explosivo en la titulación de abogados que obliga a aumentar las sesiones de juramento, sin esperanza, desde luego, de mitigar la larga lista de espera que deben padecer los licenciados para obtener los títulos. Esta demanda obliga, en consecuencia, a aligerar el trámite para dar satisfacción a estos requerimientos de la vida moderna y hacer expedita la burocracia propia de la certificación del candidato. Provoca este número mayor de sesiones además, la tortura intelectual del Presidente de este tribunal para entregar un discurso que sea provocativo en el interés de la profesión que por vocación han elegido. Todo lo anterior ha obligado, con el fin de celebrar más sesiones de juramento de abogados, a simplificar una ceremonia ya más que centenaria, cuya majestuosidad iba de la mano con el hecho de que este título sólo a este tribunal y a esta especial profesión la ley permite conferir. El número creciente de licenciados, obliga con el fin de dar satisfacción a merecidos requerimientos, a entregar los títulos en ceremonias más simples para no desatender otras funciones de igual importancia que debe cumplir este tribunal y de ahora en adelante, esta sesión, siendo siempre solemne para lo que representa para ustedes, se simplificará al extremo sólo de recibir el juramento que la ley exige y señalar sólo la significación del mismo.
En todo caso, este tribunal está preocupado desde hace algún tiempo por el número creciente de facultades de derecho en el país y, sin hacer un cuestionamiento por el número de egresados, el interés pasa más bien, por la incertidumbre en la calidad y consecuente idoneidad en la enseñanza de la disciplina jurídica y ello porque el abogado será siempre el custodio de la norma y la justicia y, por ello, de la libertad que merece gozar el hombre.
Revisando discursos de Presidentes pretéritos de este tribunal encontraremos que sus alocuciones habitualmente han tenido una significación moral profunda a fin de indicarles a los nuevos abogados, el rol que dentro de la sociedad cumplen en la defensa de los derechos de las personas y cómo el fortalecimiento de esta vocación de servicio público es relevante para la preservación o mantenimiento del Estado de Derecho en una sociedad moderna.
Frente a este estado de necesidad, quisiera antes de concluir, resumir lo que se espera de ustedes en el ejercicio de la noble profesión que han elegido y que constituyen normas éticas básicas incorporadas en cuerpos normativos de la especialidad:
Considerar siempre que el abogado es un servidor de la justicia. Que para ello será menester que debe mantener el honor y la dignidad profesional de la labor que la ley les entrega. Ser honrados en el sentido de evitar todo fraude procesal y cautelar, en honor al cliente, el secreto profesional. Hay más, pero debemos ya acostumbrarnos a lo elemental y no quiero terminar estas palabras sin antes evocar parte de un discurso hecho para una ceremonia como la de hoy, redactado por un juez de altura sobresaliente y relacionada con la vocación. Nos dijo hace bastante tiempo ya dicho magistrado: “La vocación es una tendencia, que suele ser instintiva, hacia una carrera, profesión u oficio. Es una suerte de arrebato, profundo, subyugante, hacia una actividad intelectual o manual. Es una ansiedad, una inquietud subconsciente con cierta frecuencia, por lograr el dominio de un conocimiento o de una habilidad manual. Debería ser, y lo es a veces, un movimiento tan hondo como el amor”.
Entonces les pido, con fuerza, que amen profundamente la profesión que han elegido como norte de sus vidas.
Muchas gracias
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NÓMINA
Achurra Zúñiga, María Paulina
Aguilera Bertucci, Daniela José
Aguilera Vásquez, Cecilia Angélica
Álvarez Inalef, Rosendo Alberto
Arancibia Lay Men, Felipe René
Barroilhet Diez, Javier Antonio
Cabello Astorga, Alejandro Andrés
Cáceres Rojas, César Gabriel
Cerda Mardones, Jorge Ignacio
Cifuentes Vásquez, Matías Raúl
Díaz Agüero, Pamela Marisol
Ferrada Valdés, Cecilia del Carmen
Fischman Krawczyk, Eliana Irene
Fritz Castro, Eduardo Andrés
Galleguillos Cifuentes, Jenny Judy
Guerra Pérez, Julio Felipe Ignacio
Guerrero Fuentealba, Miguel Alejandro
Inaipil Castillo, Marta Inés
Larraín Sartorius, Gerardo José
Lira Molina, Andrés
Luengo Montt, Trinidad del Pilar
Meruane Bore, Constanza del Pilar
Moncada Mancilla, Carolina Paz
Moreno Rojas, Jaime Alejandro
Moya Muñoz, Fernando Andrés
Nahuel López, Gabriel Rolando
Parot Jara, Felipe Andrés
Ponce Flores, Adrián Leonardo
Puga Arís, Ximena Jacqueline
Ramírez Cid, Eliada Graciela
Ramos Abarzúa, Pablo Dionisio
Rojas Peñaloza, Daniela Eloísa
Sabaj Véliz, Jorge Elías
Sáez Paredes, Fernando Andrés
Schwember Augier, Sebastián Eduardo
Torres Flores, Daniela Isabel
Urra Arellano, Pamela Andrea
Vargas Leguas, Erika Catalina
Vargas Ramírez, Lissette Andrea
Vega Aravena, Gissela Marjolaine
