Juramento de abogados
Cuarenta y un licenciados en Ciencias Jurídicas, egresados de universidades de distintas regiones del país, juraron como abogados en ceremonia solemne efectuada en el Palacio de Tribunales el 21 de noviembre pasado.
El acto fue encabezado por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Urbano Marín Vallejo, efectuándose el juramento ante el Pleno de Ministros del Máximo Tribunal.
Esta fue la trigésima ceremonia del presente año, ascendiendo a 1.231 los profesionales titulados a la fecha.
A continuación, transcribimos las palabras del Presidente Urbano Marín Vallejo, pronunciadas en la ceremonia de juramento.
Colegas Ministras y Ministros de la Corte Suprema
Señoras y Señores
Nuevos Abogados:
En audiencias similares a esta, me he referido a las diversas opciones que se presentan ante Uds. para encauzar su ejercicio profesional. La elección del ámbito en que se desarrollará su actividad es ciertamente fundamental, porque ella puede determinar toda vuestra vida futura.
Anteriormente, nos hemos referido en mayor detalle a algunas de las características propias de la abogacía como profesión liberal. En esta oportunidad, deseo aludir a la situación en que se encontrarán quiénes de Uds. decidan abrazar la vocación judicial a través del ingreso a la magistratura.
Como Uds. deben saber, existe en nuestro país una organización a la que se confía la preparación de los jueces: la “Academia Judicial”. Fue creada en 1994 por la Ley 19.346 y su finalidad es la Formación de los postulantes a cargos del Escalafón Primario del Poder Judicial, así como el Perfeccionamiento de todos los integrantes de este Poder del Estado.
La creación de este organismo formativo al servicio del Poder Judicial fue un sueño largamente aquerenciado. Durante más de 30 años se discutió ardorosamente sobre la conveniencia de crear una Escuela Judicial, con la finalidad de preparar a los abogados que desearan ingresar a la judicatura. Ese debate enfrentó a dos enfoques diversos: para algunos, esa preparación debía ejecutarse por las universidades durante el periodo de estudios regulares conducentes al otorgamiento del título de abogado, sin necesidad de crear un instituto autónomo con dicho objetivo. Otros estimaban que, por muy adecuada y completa que fuera la enseñanza universitaria, la práctica de la magistratura suponía métodos y técnicas específicas que debían conocerse antes de incorporarse definitivamente a ella.
En definitiva, fue la última tesis la que predominó y fue recogida en la citada ley 19.346, considerando para ello que en nuestro país la enseñanza jurídica se orienta fundamentalmente a otorgar habilidades para ejercer como abogado litigante y no como magistrado judicial.
Esta preocupación por una adecuada formación y un oportuno perfeccionamiento de los jueces es, sin duda, hoy un imperativo ineludible. La función de los jueces y magistrados es tan esencial en un Estado de Derecho que, con razón, Francisco de Quevedo pudo advertir con ironía: “Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”.
Actualmente, el acceso a la carrera judicial exige atravesar dos vallas: la primera la constituye el proceso de selección de los candidatos, en que se asigna especial importancia a sus estudios y calificaciones universitarios y se contemplan exámenes sicológicos, de aptitudes y de conocimientos específicos en materias jurídicas.
El segundo obstáculo, una vez ya seleccionados como postulantes, consiste en la necesidad de aprobar el curso de formación impartido por la Academia Judicial. El buen resultado en estos cursos constituye un requisito indispensable para ingresar al Escalafón Primario del Poder Judicial. Su duración se ha venido fijando en seis meses y sus objetivos fundamentales son capacitar a los alumnos en los conocimientos, destrezas y criterios básicos para desempeñar las funciones de un juez, así como fortalecer los principios que informan el quehacer judicial.
Si algunos entre Uds. sienten genuinamente su vocación judicial, los invito desde ya a que enfrenten el desafío intelectual que inspiró la creación de la Academia Judicial, considerando su ingreso a ella. Los candidatos son habitualmente muchos y los elegidos pocos, pero si logran sortear las barreras que comprende este proceso, tendrán la certeza de incorporarse a una carrera que puede hacerlos sentirse plenamente realizados.
Pero, al margen de las aptitudes intelectuales y de otros requisitos habilitantes, debo precaverlos del error de pensar que la justicia sólo se reduce a un ejercicio de conocimientos. Por el contrario, constituye especialmente una vocación y una dedicación de espíritu. Y, por ello, todo magistrado debe tener presente antes que nada en el desempeño de su ministerio ese antiguo proverbio oriental que dice: “Mejor que el hombre que sabe lo que es justo, es el hombre que ama lo justo”.
No es casual, por lo mismo, que desde épocas remotas la misión de los jueces haya debido expresar en todo momento una alta dignidad reflejando virtudes humanas sobresalientes. Basta citar al respecto las cuatro condiciones que según Sócrates debían residir siempre en todo juez: “Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”.
Para terminar estas palabras y sea que Uds. decidan ser jueces, o bien, dediquen su porvenir a otra actividad jurídica, les deseo sinceramente que puedan disfrutar de una “buena vida”, en los términos en que la definió alguna vez Bertrand Russell: “Una vida inspirada por el amor y guiada por el conocimiento”.
Nuevamente felicitaciones
Muchas gracias.
NÓMINA de ABOGADOS
Aguilar Trujillo, Karol Andrea
Álvarez Pais, Alejandra Teresa
Andrade Ifchenko, Paula
Angulo Tamarín, Jorge Andrés
Benavides Moraga, Giovanna Leonor
Bustos Díaz, Fabiola Andrea
Carvajal Castro, Diego
Castillo Ara, Alejandra Soraya
Cerda Torrejón, Juan Pablo
Cuba Abarca, David Israel
Cuevas Espejo, Ingrid del Carmen
Deramond Rubio, César Miguel
Gálvez Lara, Gabriel Steve
González Olmedo, Fernando Manuel
Gutiérrez Rojas, María Paz
Hoces Reyes, Rodrigo Alberto
León González, Luisa Alejandra
Martínez Llancas, Sandra Ivonne
Melis González, Macarena Soledad
Morales Bórquez, Carmen Andrea
Muñoz Pérez, José Luis
Noman Garrido, Nicolás José
Obregón Solar, Sergio Hernán
Ortúzar Fuenzalida, Paz Cecilia
Pavez Galaz, Mauricio Andrés
Pérez Castro, Elena del Pilar
Prado Acuña, Alfonso de Jesús
Richards Tejo, Soledad Elizabeth
Riffo Orellana, Víctor Manuel
Roa Bascuñán, Sergio Antonio
Rozas Caamaño, Gabriel Gaspar
Solís Mansilla, Osvaldo Javier
Sotomayor Rodríguez, Guillermo Aurelio
Toro Justiniano, Constanza María Fernanda
Valdivia Villagrán, Verónica Carolina
Valenzuela Sepúlveda, María José
Vallejos Tome, Fabiola Alejandra
Varas Castro, Evelyn Gisela
Vásquez Vargas, María de los Angeles
Vial Purcell, Salvador
Zamora Jorratt, Gabriel Alejandro